Los tratados clásicos aconsejan dar al niño en el primer día todo lo más un poco de agua azucarada y no ponerlo al pecho hasta el día siguiente.
La puericultura moderna aconseja, al contrario, que se ponga al niño al pecho de la madre muy pronto (seis u ocho horas después del nacimiento) dos veces durante el día, una vez en el pecho derecho, otra en el izquierdo. En seguida se da al niño un suplemento alimenticio; el ideal sería ponerlo al pecho de una nodriza en plena actividad y perfectamente sana. A defecto de la leche de mujer, se darán 10 gramos de agua lactosada al 5 por 100, que es la proporción en que se encuentra este azúcar en el calostro o primera leche de la madre.
El recién nacido puede ya mamar al segundo día durante un poco más de tiempo (10 minutos) de un solo pecho en cada tetada y cada cuatro horas; la ración puede alcanzar los 250 gramos en total. Esta cantidad puede parecer exagerada, pero es necesaria para evitar las pérdidas de peso, siendo los grandes maestros de la puericultura quienes lo aconsejan; esto representa una ganancia de aproximadamente 45 gramos por cada tetada.
Al tercer día, el niño debe tomar de 50 a 65 gramos, o sea, un total de 350 gramos de leche de mujer, comprobándose la progresión por medio de pesadas verificadas antes y después de cada toma de alimentos.
En ocasiones resulta imposible administrar un suplemento de leche fresca de mujer o conservada en un lactario, en cuyo caso habrá de reemplazarse por leche de vaca diluida cortada y azucarada, más bien en forma de leche conservada en polvo o condensada con azúcar.
Los días siguientes la ración aumenta hasta 65 gramos, después 75 y después 85, aproximadamente, con un total de 400 gramos el cuarto día 450 gramos el quinto día 500 gramos el sexto día
Resumiendo: cada tetada debe ser aumentada en 10 gramos por día durante la primera semana, debiendo tomar el niño al fin de la misma y en total una ración igual a un sexto del peso de su cuerpo y no la décima parte, que es insuficiente, aunque ordinariamente aconsejada. Así, pues, un niño que pese 3.600 gramos, deberá tomar 515 gramos de leche ordinariamente.
Conviene subrayar que estas cifras no son aplicables más que a los niños nacidos a su tiempo, que presentan un peso normal y que se hallan en buen estado de salud. Hablaremos más adelante de los cuidados y de la alimentación que deben recibir los prematuros y los débiles. No obstante, para todos es necesario la absorción de la primera leche o calostro de la madre, importancia que es verdaderamente vital, siendo necesario que desaparezca ese prejuicio sin fundamento que priva al niño de este líquido bajo pretexto de que se trata de leche mala; conviene, al contrario, que sepan las madres que el calostro posee una riqueza alimenticia excepcional, siendo abundante en sales minerales y sustancias proteicas, vitaminas y principios antiinfecciosos. Se ha observado que las ter-nerillas privadas del calostro de su madre se morían fácilmente; en los humanos, este líquido no es tan indispensable, pero de todos modos resulta de gran utilidad, pudiendo el niño llegar a absorber el primer día hasta 150 gramos.Por otra parte, poniendo precozmente el niño al pecho, se presta un servicio a la madre, ya que esta práctica disminuye la aparición de grietas y evita la congestión de los senos, aumentando la capacidad para amamantar.
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