La cara del recién nacido
La cara del recién nacido se halla muy poco desarrollada, porque las porciones dentales de los maxilares superiores e inferiores se hallan muy recogidas; los dientes, que comienzan a desarrollarse hacia el quinto mes de la vida intrauterina, permanecen incluidos en la masa ósea durante varios meses, siendo raro que el niño nazca con uno o con varios dientes, como fue el caso del rey francés Luis XIV.
Entre los músculos faciales de los recién nacidos hay uno, el bucinador, que presenta un desarrollo muy marcado, jugando un papel muy importante en el mecanismo de la succión. Esta se efectúa de manera instintiva, refleja, y para ponerla en evidencia basta con poner el dedo en la mejilla del bebé, quien en seguida vuelve la cabeza con la intención de chuparlo.
Tono muscular y respiración
El niño recién nacido es hasta cierto punto inerte y «enrollado» sobre sí mismo; no olvidemos que, en efecto, en el seno materno se encontraba en una actitud especial, de manera que sus piernas se hallaban replegadas contra el abdomen y la cabeza flexionada sobre el tronco. Hay una exageración del tono muscular; esta fuerza particular de los músculos, sobre todo de los flexores, se pone en evidencia por la resistencia que ofrece el niño cuando se le quiere poner las piernas en extensión, y en la relativa energía con la que cierra su manecita aprisionando el dedo que se le ofrece.
Normalmente, el niño respira de cuarenta a cincuenta veces por minuto, bastando a veces coger al niño para que el número de respiraciones aumente, sin que esto quiera decir que haya en ello anormalidad alguna.
Vientre y cabeza
El abdomen se halla muy desarrollado en el recién nacido y en el niño a causa, sin duda, de que el músculo diafragma se halla muy poco abombado en la caja torácica, que el hígado es muy grande y que ciertas partes del intestino se hallan muy desarrolladas.
En cuanto al cráneo, lo que llama la atención, aparte de su volumen relativamente grande, comparativamente con el cuerpo, es la presencia sobre la línea media de la bóveda craneal de diversas zonas blandas o fontanelas, a nivel de las cuales se pueden percibir los latidos originados por el paso de la sangre a través del grueso tronco venoso llamado seno longitudinal superior. Es precisamente en este seno, y a nivel de la fontanela anterior, donde suelen hacerse con mayor facilidad técnica las transfusiones de sangre, plasma o suero que necesitan los niños según los casos. Estas zonas no osificadas son seis; pero la más visible es la fontanela bregmática o gran fontanela, situada en la parte superior y anterior del cráneo (véase Fig. 38). A este nivel, los huesos presentan una separación de 2,5 a 3 cm. de diámetro, pero con bastante rapidez, y por osificación progresiva de los huesos craneales, esta zona abierta tiende a cerrarse. Esta oclusión de las fontanelas se produce normalmente entre los nueve y los dieciocho meses, siendo la media de 12 a 15. Una fontanela que en lugar de disminuir tiende a agrandarse debe poner en guardia a los padres, quienes deberán conducir el niño al médico; del mismo modo que si una fontanela tiende prematuramente a cerrarse.
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