Aparte una alimentación sana y suficiente, el recién nacido debe ser objeto de cuidados especiales destinados a prevenir toda infección; en seguida hablaremos de la importancia de evitar una contaminación de la herida umbilical. Otra puerta de entrada de gérmenes microbianos la constituyen las vías respiratorias. El recién nacido es un ser particularmente frágil, y esto se halla demostrado por la fuerte mortalidad infantil durante las dos primeras semanas de la vida.
Se le pondrá en una atmósfera lo más pura posible, evitando que lo rodee gran número de personas. Si la madre se halla resfriada, deberá taparse la boca con una mascarilla de gasa o con un pañuelo cada vez que dé el pecho a su niño: un ligero catarro de la madre puede producir una infección fulminante del recién nacido.
Toda persona que tosa o escupa debe ser alejada del bebé, y no se permitirá que nadie lo bese. Hay que desconfiar de los niños que tosen en la vecindad, ya que puede tratarse de una tos ferina, posiblemente sin gravedad para el niño que la padece, pero que podría ser mortal para el recién nacido. Cuántas veces, por desgracia, los pequeños invitados al bautismo del recién nacido han sido la ignorada causa de su muerte.
Cuidados del cordón umbilical
Aún no hace mucho tiempo se acostumbraba mirar cómo iba el cordón y cambiar el aposito diariamente; pero en la actualidad, excepto si ha sido ensuciado o mojado, no se levanta el aposito hasta el sexto u octavo día, cuando ya el cordón, momificado y desecado, se ha desprendido solo. En este momento, comprobando que el ombligo ha cicatrizado bien y se halla perfectamente seco, se vuelve a poner un aposito plano: una gasa estéril empapada con algunas gotas de alcohol, o espolvoreado con unos polvos de sulfa-mida, dejándolo aún durante algunos días.
Renovación de las curas
En el caso de que el niño hubiera ensuciado su aposito umbilical, es necesario cambiarlo con el mayor de los cuidados: la persona encargada de este menester deberá lavarse las manos muy bien, con jabón primero y con alcohol después, empleando como compresas únicamente las que se venden en pequeñas cajas esterilizadas; esto a fin de que ningún germen microbiano venga a colonizar a nivel de la herida y pueda producir gravísimas infecciones, tales como la erisipela, el tétanos (sobre todo en el medio rural), la difteria, etc.
¿Debe bañarse al niño?
Desde luego, en tanto el cordón umbilical no haya caído no se darán baños generales al niño. ¿Y en el nacimiento?, preguntáis vosotros: puede recomendarse el lavado de la cara, de la cabeza, de la espalda del niño con agua tibia, evitando mojarle el vientre; otros desaconsejan todo lavado, contentándose con secar las regiones sucias.
Con frecuencia, la piel del niño se halla recubierta en el momento del nacimiento de una sustancia sebácea de color blanco que se hace difícil quitar; pero, desde luego, el empeñarse en quitarla es trabajo que se podría ahorrar, y que poco tiempo después desaparece por sí sola, absorbida por la piel.
Conviene pesar al niño
Después de limpio el niño y vestido, conviene pesarlo. Esta operación ha de hacerse rápidamente para evitar que se enfríe, envolviéndolo bien en una toalla caliente, previa o posteriormente pesada para descontar su propio peso.
El niño de sexo masculino pesa por término medio 3.400 gramos; la niña, un poco menos. Se consideran como pesos normales las cifras comprendidas entre 2.800 y 4.500. Y dicho sea de paso, que no crean las futuras madres que evitarán el tener niños grandes comiendo poco durante el embarazo; observaciones hechas durante períodos de restricciones alimenticias, han mostrado que aun en el caso de alimentación deficiente de las madres, los niños nacen poco más o menos con el mismo peso de siempre.
Tags: chicas de cuidado, cuidado de niños, Cuidados, cuidados paliativos
RSS 2.0 | Trackback | Comment


