A medida que el niño se hace lo bastante mayor para razonar con usted, puede explicarle lo que es la disciplina. Así crecerá sabiendo que la disciplina se basa en la responsabilidad mutua y la participación en decisiones. No espere obediencia ciega de un niño. Es mucho mejor razonar y persuadir. Si se toma la molestia de hablar de por qué está mal portarse de una determinada manera y bien hacerlo de otra, descubrirá que su hijo se interesa por los motivos y es mucho más probable que haga lo que usted quiere porque entiende por qué lo quiere.
Por otro lado, no cometa el error de hablar de todas sus decisiones, y no decirle alguna vez simplemente lo que debe hacer. Cuando piense que la situación lo permite, dele una orden sencilla, a menos que sienta que su hijo va a mostrarse recalcitrante y un planteamiento más suave vaya a ser mejor. Una buena disciplina daría a su hijo la oportunidad de hacer una elección. Parte del crecimiento consiste en ejercitar la elección y las opciones, y debe aprender esta habilidad como cualquier otra. Intente elegir muy cuidadosamente cuando vaya a darle una opción: procure que sea muy simple y que para usted no sea importante la decisión que tome. No intente engañarle dándole una opción cuando usted ya ha tomado la decisión; no le engañará.
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