No siempre es fácil trazar la línea entre descaro e impertinencia. El descaro ocasional es, a mi parecer, un rasgo perfectamente aceptable. Me gusta porque presupone espíritu travieso y una actitud saludable ante la autoridad. También existe la creencia errónea de que cuestionar decisiones es ser descarado. La razón es que muchos padres sienten que el descaro socava su autoridad. Pero si anima al niño a hablar las cosas con usted, fomentaré su sentido de la responsabilidad para que se discipline a sí mismo y no obedezca ciegamente sus decisiones.
Así crecerá conociendo el valor del argumento persuasivo. Por otro lado, si siempre anima a su hijo a no decir lo que piensa porque siempre interpreta sus discusiones como descaro, no tendrá la posibilidad de entender el motivo de sus decisiones. El otro aspecto positivo de ser descarado es que ofrece un mecanismo verbal para deshacerse de la rabia y la frustración. La rabia es una emoción aceptable en un niño, pero no es aceptable que libere su ira de forma física.
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