Están en lo suyo

Para ayudarlos, debemos mostrarnos comprensivos, y no expresar continuamente nuestras dudas sobre sus aptitudes para el estudio. De lo contrario, se corre el riesgo de que pierdan la ilusión por aprender, pues ya damos por hecho que no conseguirán resultados óptimos. Y esto sería fatal. Si nuestros hijos pierden el deseo de aprender, desaparece la posibilidad de concentración. Ellos sienten por todo lo nuevo una curiosidad innata que hay que fomentar y estimular. Cuando un chico hace preguntas, no debe escuchar respuestas bruscas y superficiales, porque perderá interés y la próxima vez no atenderá a nuestras explicaciones.
Quieren aprender, pero necesitan la suficiente motivación. Les pasa lo mismo que a los adultos. Cuando algo les gusta, les resulta mucho más fácil concentrarse. Por eso pueden pasar muchas horas dibujando, armando un mecano o haciendo un puzzle. Si una cosa les divierte, se olvidan de todo lo demás y se dedican a ello en cuerpo y alma.

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