Sus sentimientos son siempre válidos

Muchos adultos tienden a no tener en cuenta las percepciones subjetivas del niño. Cuando tiene fiebre lo consuelan diciendo que «no es nada»; si no le gusta la comida, lo animan con la afirmación «pero si sabe muy bien»; y si se enoja, rebajan su rabia con un «no es para tanto». Con el tiempo, el niño o la niña ya no se fiarán de sus propias emociones. Ante una situación comprometida se sentirán inseguros, no tendrán claro si su malestar es real o sólo se trata de uno de esos sentimientos tontos que sus padres rechazan.

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