¿Cómo han de reaccionar los adultos?

Saber escuchar.
Ciertamente se trata de un tema incómodo que obliga a reaccionar. La primera medida consiste sencillamente en escuchar, sin mostrarse incrédulo o escandalizado.
Creer al menor.
Un niño no miente en un asunto así. No le digamos que es mentira, porque necesita a alguien que le crea. Los detalles de un abuso son tan ajenos al mundo infantil que sería incapaz de inventarlo.
Reaccionar con calma.
No conviene mostrarse tan alarmado que el pequeño se asuste aún más. El trato con él ha de ser igual de normal y cariñoso que antes.
Por supuesto, también hay que contar con la posibilidad de que el menor no cuente nada, bien porque se siente demasiado intimidado, o porque su corta edad no le permite encontrar palabras para expresar lo sucedido. Especialmente difíciles se presentan las cosas cuando el abuso ha ocurrido en el seno de la propia familia y existe un fuerte lazo afectivo entre la víctima y su agresor.

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