Han de ser conscientes de su propio valor

Las personas mayores no siempre dicen la verdad ni siempre llevan larazón. El niño no tiene por qué acatar sus mandamientos sin discutirlos ni sin expresar su opinión. Por lo tanto: ¡no a la obediencia ciega!, ¡sí a la expresión de la propia voluntad! Las niñas y los niños acostumbrados a obedecer sin responder aprenden a ser sumisos y son presas fáciles de cualquier adulto que pretenda imponerles su voluntad.

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