Quererlos no basta, hay que demostrarlo

«Tocar no es sólo un estímulo placentero sino una necesidad biológica», escribe Phyllis K. Davis en su libro “El poder del tacto”. Desde que nacen, nuestros hijos necesitan que los tomemos en brazos, los besemos y acariciemos, obviamente los niños tienen derecho a rechazar cualquier contacto no deseado pero te aseguro que tus besos y caricias si las quiere. Tener cautela ante un posible abuso no significa que los padres y abuelos no puedan y deban amar y apapachar a sus pequeños todo lo que ambas partes quieran. Son momentos entrañables, el elixir de la vida. No podemos dejarlos sin supervisión, pero tampoco podemos privarlos de su tiempo a solas con familiares importantes.

También cuando se hacen mayores, las chicas y los chicos siguen necesitando buena dosis de contacto físico, aunque ya no como cuando eran bebés, sino mediante otras manifestaciones de cariño: una mano amistosa sobre su hombro o un cálido abrazo. De la misma manera que el contacto físico, les hace falta nuestra atención, la seguridad de que siempre estamos de su parte y de que los aceptamos tal como son. Los niños que reciben pocas caricias y escasa atención se vuelven más vulnerables a las ofertas inoportunas.

Es importante acostumbrarse desde que son pequeños al contacto, darle besos de buenos días y de buenas noches, abrazos por cualquier motivo, cargarlos cada vez que se pueda, ver una película y dormirse juntos, etc. Todo esto hace que cuando sean más grandes estén acostumbrados al contacto físico y eso se traduce en una mejor socialización y mejores relaciones personales. Los niños que reciben más muestras de afecto de los padres y abuelos, son más exitosos en el futuro, en su vida laboral, en su vida amorosa y en general en todo lo que involucra convivencia y relaciones personales.

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